Volando alto

En 1981, con 35 años de edad, Christian Marty, un piloto comercial con años de experiencia, capitán de aviones Airbus A340, fue el primero que logró una verdadera hazaña deportiva, cruzó el océano Atlántico en una tabla de winsurf. El viaje duró 37 días y recorrió 2.400 millas.

Casado con dos hijos, nunca perdió su veta deportiva. En su equipaje habitual siempre incluía una montain bike (bicicleta todo terreno) que llevaba a todos sus destinos como piloto. Apenas veía una montaña solía encarar largos viajes con ella.

A los 54 años de edad, su experiencia de 30 años de piloto y su excelencia como capitán, le permiteron graduarse como piloto de aviones supersónicos y recibió el privilegio de tener a su cargo uno de los pocos aviones comerciales supersónicos del mundo, el Concorde. Sin duda unos de los aviones más exclusivos y sofisticados que existen, capaces de volar a dos veces la velocidad del sonido.

El martes 25 de julio del 2000, despegó como capitán del Concorde, del aeropuerto de París en un vuelo contratado de rutina. Durante el despegue una rueda del tren de aterrizaje se destruyo y uno de los cuatro motores (que acababa de ser reparado) comenzó a prenderse fuego, las alarmas le informaron en el acto lo que ocurría, pero ya llevaba una velocidad crítica y era imposible abortar el despegue.

El Concorde despego dejando pedazos de rueda en la pista y con llamas de muchos metros en su cola. El esfuerzo del despegue provocó que un segundo motor comenzara a quemarse, la situación era insostenible.

Christian se comunicaba permanentemente con la torre de control del aeropuerto y sabía perfectamente cual era la condición de su avión. Solo quedaban segundos. Desvió su curso buscando la zona más despoblada posible. En la maniobra los motores ya no fueron capaces de sostener al avión en el aire y cayó pesadamente como una piedra sobre un edificio aledaño a un hotel. La explosión fue tremenda y el avión quedo inmediatamente desintegrado.

El vuelo había durado tan solo dos minutos.

Del vuelo nadie sobrevivió. Dentro del hotel murieron 4 personas y una logró salvarse de milagro saltando por una ventana.

Los pobladores de Gonesse quedaron conmovidos al enterarse que la última decisión de Christian Marty fue evitar que su avión cayera sobre ellos, lo que sin duda hubiera provocado una tragedia mucho mayor.

El reverendo Claude Porcheron, padre de la iglesia St. Paul de la ciudad, dijo conmovido: "Es el gesto más hermoso del mundo".