La montaña

La Gruta, Julio del 2000.

La montaña selecciona, funciona como un filtro en etapas.

Todas las personas conocen de vista a las montañas como fondo de un paisaje soñado. Algunas pasean en auto a sus pies en rutas pavimentadas. Otras se animan por caminos más difíciles. Muchos menos se bajan del auto y caminan por su base. Algunos hasta entran en senderos por algún hermoso valle. De ellos, hay quienes llevan un ligero equipaje para una pequeña travesía por allí. Otros se animan a dejar atrás el valle y comienzan a subir una pendiente o un caracol de piedra. Algunos llegan a algún refugio de montaña que pueda haber. De ellos hay quienes se quedan una o más noches por ahí. Muchos menos intentan llegar a la cumbre. Algunos llegan.

Tener la oportunidad de conocer la "fauna humana" de cada rincón de una montaña es una experiencia enriquecedora. Es posible descubrir los diferentes grados de compromiso o integración con la naturaleza de los diferentes grupos de personas en cada sitio.

No hay que confundirse, porque en la cumbre también se encuentran personas que preguntan dónde queda el teléfono público, dónde pueden comprar otro rollo de fotos, que entienden que el suelo de tierra, hojas, rocas o nieve es lugar para dejar su basura, que miran su reloj y se apuran a ver si pueden ver otra cosa ese mismo día, que al cruzarse con otra persona en un lugar remoto ni siquiera la saludan.

También es posible que lejos de las montañas, arriba de un micro, uno tenga la suerte de sentarse junto a un ser humano que quiere conocer la montaña tanto como quiere conocerse a sí mismo. Que viaja a través de ellas mientras viaja dentro de él. Que considera a la montaña una amiga a quien respetar. Una amiga sabia que enseña a cada paso una nueva lección. Del tipo de personas que aprende el valor de compartir cosas con otros seres humanos.

Caminando la montaña es posible ver el abismo entre quienes van a ver la montaña, de quienes se han hecho parte de la montaña. Quienes invaden la montaña y quien se deja invadir por la montaña.

Pero la montaña esta para eso, para ser invadida por quienes si tienen la suerte y la sensibilidad justa, van a ser invadidos por ella. ¡Que sabia es la montaña!.

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