El Ser Humano Nuevo

Puede ser hombre o mujer.

Puede tener reloj. Puede no tenerlo. Pero su mente se ha liberado del tiempo.

Puede tener o no tener. Pero se ha liberado de ambas cosas.

Vive en el mundo, en cualquier país, pero no pertenece ni a uno ni a otro.

No prepara revoluciones grupales armadas. Realiza la revolución en sí mismo, lo cual es más valiente y mucho menos cómodo. La única revolución directa. Es una revolución de cada momento, en su casa, en la calle, en su trabajo, en el mismo lecho de muerte, si lamentablemente no la ha comenzado antes.

No pide reglas ni ejemplos ni consejos. Tampoco los da.

No busca la alegría, la vive sin esperarla.

No busca la serenidad, la vive sin esperarla.

No busca emociones. Encuentra la maravilla de la vida a cada momento, en todo lugar.

Su templo esta dentro de su piel y dentro del templo esta aquello que ni él mismo, por más que se esfuerce desmedidamente puede expresar.

Es un gran político. Construye sin intentarlo la nueva humanidad, la humanidad unida. Hace política con cada gesto amigable, con cada afectuosa sonrisa, con cada profunda mirada. Con cada palabra, con cada acción, a cada instante, en todo lugar.

No comparte ningún tipo de discriminación entre los seres humanos.

No desea seguridad, sabe que buscándola, la perderá, ya que la posee en este mismo momento, sin quererlo.

Se aleja del ruido. Sabe que lo destruye.

Conoce su ritmo psicobiológico. Lo respeta, impide con tranquilidad que se altere. Sabe que lo alteran fácilmente las conversaciones agitadas o insulsas, los medios masivos comerciales - propagandísticos, la competencia, la adquisitividad, la acumulación, el análisis, la interpretación y la condena (o falta de aceptación). Se acepta tal cual es. No desea cambiar porque sabe que estando vivo y despierto será distinto a cada instante.

Conoce sus necesidades físicas. No "consume" continuamente. Le basta con satisfacerlas natural, tranquila y gozosamente.

Simplemente protege la vida. Incondicionalmente protege la vida.

Puede tener esposo (o esposa). Puede no tenerle. En cualquier caso es libre y acepta la libertad del otro.

No tiene derechos ni deberes. Su acción surge espontáneamente de la total aceptación, es decir, del amor.

Sus relaciones son estables porque son sanas. Son relaciones del amor, de la total aceptación no deliberada.

No puede pensar que las relaciones del amor tengan un final (ya que conoce el amor) ni que existan relaciones que persistan solamente por el deber y por el derecho.

Jamás espera a que sea otro quien salte antes. Salta él sin desear ser el primero que salta.

No interrumpe su despertar ni siquiera cuando duerme.

El ser humano nuevo está solo y lo sabe. Solo aún en la multitud. Solo en la vida como en la muerte. Pero sabe también que su destino es el destino de todos. Y que el destino de todos es su propio destino. Por eso se da cuenta que con su propia libertad real y con su propia regeneración, recién ha comenzado a regenerarse y liberarse la humanidad entera.

Rufegón.