Flores en el desierto

La Gruta, Mayo de 1995.

Caminando por el desierto encontramos una solitaria y extraordinaria flor: ¡Admiración!.

Admirar: Causar sorpresa o entusiasmo la vista de alguna cosa inesperada. Asombrarse de algo extraordinario. Tener en singular estimación a una persona o cosa, que de algún modo sobresale en su línea.

Cuando uno admira a alguien, en realidad esta admirando una o varias cualidades de esa persona. ¿Cuales son las cualidades que me provocan admiración?.

La entrega a los demás. La solidaridad. El compromiso hacia los otros. ¿Quiénes, creo, poseen estas cualidades?.

Gente de variadas profesiones o personas comunes que entienden lo que hacen no como un trabajo sino como una sincera vocación de ayudar a los demás: médicos, enfermeras, bomberos, auxiliadores de todo tipo, personas que buscan, encuentran o crean el lugar y la forma de ayudar. Que eligieron para su vida ocupaciones difíciles y hasta peligrosas, donde el objetivo es lograr el bienestar de otros.

Vivimos en una sociedad que nos educa para ocuparnos de nuestros problemas personales, que nos instruye para conseguir el mayor confort y la más grande comodidad que podamos lograr. En ese contexto encontrar gente que compromete su vida, su tiempo, su comodidad y dedican su esfuerzo en beneficiar a los demás es absolutamente sorprendente. Es una de las pocas cosas realmente transgresoras.

¿Cómo recibe la sociedad a estos fenómenos?: Los castiga y los desprestigia.

¿Cómo los castiga?: Dejándolos a su suerte, complicándoles el camino.

¿Cómo los desprestigia?: Poniéndo bajo sospecha sus intenciones.

"¿Porqué lo hacen?, ¿Porqué son así?, ¿Será que no tienen el talento y la inteligencia para sobresalir en una profesión reconocida y por eso se "conforman" ayudando a otros?. ¿Que buscan a cambio?, ¿Un monumento?... seguramente son fanáticos religiosos que creen que así van a ganar el cielo y lo hacen como una inversión. ¡Ellos lo hacen porque así se sienten bien!. Tendrían que sufrir ¿no?."

Si nuestro hijo, hermano o amigo nos confesara que por ejemplo quiere dedicar su vida a ayudar a indigentes, consolar enfermos de SIDA, atender casos psiquiátricos o enfermos terminales.

¿Cuál sería nuestra actitud?. ¿Los apoyaríamos o trataríamos de reencausarlos dentro de nuestros parámetros?.

Se premia el egoísmo y los triunfadores son aquellos que trabajan para sí mismos. La generosidad parece un desperdicio.

"- Pero si ayudar a los débiles es cosa de monjas y instituciones de caridad, que si atienden lejos de casa, mejor, ¿no?."

Somos autistas encerrados en nuestro mundo, creemos comunicarnos y en realidad somos mudos y sordos, nuestras vidas no corren juntas, corren paralelas, nos miramos y somos todos extraños. Vivimos en una absurda y cómoda burbuja, nos automarginamos.

Sin embargo algunos despiertan y se descubren en medio de un campo de batalla y mientras nosotros nos dedicamos a lastimarnos entre nosotros, ellos se dedican a ayudar a los heridos desparramados por el camino.

Son héroes silenciosos demasiado ocupados en su trabajo, como para perder tiempo en aplausos.

La historia nos enseña cual es la respuesta que le dimos a los "grandes amadores", los grandes servidores de los demás: los asesinamos.

Se preguntaran que hago yo por los demás para hablar así. La respuesta es: NADA, no hago nada, tan solo estoy dándome cuenta de estas cosas, quizás ese sea un primer paso.

¿Que les puedo dar yo a esas personas que trabajan por los demás, que les puedo devolver a aquellos que cuando los necesite ahí van a estar?.

Mi respeto, mi reconocimiento, mi profunda admiración que despierta en mi (como dice la definición de la palabra) "esa singular estimación".

Son extraordinarias flores en el desierto.

Navegant