La copia y él

La Gruta, Junio de 1990.

Camina, buscando pisar pasajes e islas de baldosas secas, algunas ya manchadas de pisadas que no pudieron evitar las variadas cubiertas que les dieron origen.

Si hubiera salido con su paraguas, no se distraería en ese juego que ya va perdiendo; no porque caminaría por él protegido, sino porque de tenerlo en su mano no llovería. Ley inexorable que nunca podrá explicarse.

La saluda al pasar, justo cuando el hombre del kiosco, maldiciendo a un húmedo otoño, se apresura a retirar el plástico donde la tiene. Él sonríe y continua en su juego, deseando que no se haya mojado.

Tres cuadras más y la encuentra de nuevo, esta vez a buen recaudo, colgada de un broche de ropa. Mirada severa que exige cuidado.

Ahora son cuatro cuadras y ya no llueve casi nada. La descubre asomándose traviesa entre otras revistas. "Piedra libre para vos, que ya te vi. Hasta mañana". Dos más y en casa.

Antropología le suena a mala palabra y allí, hace un tiempo, conoció al original. Sencillamente hermosa.

Caminando de vuelta a casa, una mirada lo seguía. Pasaban cuadras y todavía intrigado.

Se cruzaron las miradas y su sorpresa fue mayúscula. Ella lo miraba, con una indefinida y enigmática expresión. Él, fascinado, todavía no entendía.

¿Porqué ella, sacudida y bamboleante por el viento, lo miraba?. ¿De quién eran esos ojos?.

Creyó reconocer al original, pero le pareció demasiado improbable, hasta ridículo. Pero ahí estaba, mirándolo.

Varios días después en una clase, luego de estudiarla en tres oportunidades una breve conversación le confirma lo que para él ya era una certeza.

Una vez en la calle, la mirada que lo seguía era correspondida en cada caso, buscándola o encontrándola sin quererlo.

Empezó a saludarla, a la copia, que lo miraba.

Descubrió que la ciudad entera tenía pequeñas islas desde donde ella lo sorprendería.

Caminando y la saluda con un guiño, siempre pierde y sonríe primero.

El original se sienta cerca, pero está muy lejos; no hay tiempo de conocerla, ni mucho interés, ¿para qué?.

Afuera, la copia parece sonreírle, como Gioconda de un moderno Leonardo, que con su cámara fotográfica, logró sumarle magia al original.

Pasan días, y en una esquina su dedo le dispara una salva que no parece asustarla. Escándalo unas cuadras más allá, porque le han puesto a su lado a un hombre en paños menores, demostrando que tiene músculos hasta en los dientes.

Una amiga se tarda lo de costumbre y él haciendo tiempo le pide permiso a la persona que atiende un vecino kiosco, para verla más de cerca. Como respuesta recibe una mirada escrudiñadora que espera una explicación, ya que él no parece ser un lector habitual de esa revista.

-La chica de la tapa es compañera mía en la facultad.

Sonrisa cómplice y lenta hojeada que descubre otras tantas copias del mismo original.

-¿Es tan linda como parece?.

-También es inteligente, tiene buena voz y parece buena persona.

-No existe.

Un gracias merecido y se despide de ambos con una mirada.

-¡Mándale saludos!.

En otro fin de semana, en una parada de colectivo, le comenta que estuvo hablando un rato con el original, desde el estribo su mano le dice hasta luego.

Cien horas después, la copia sonríe de las bolsas de supermercado. "Claro, vos no haces compras. ¿Las galletas?, carísimas".

El original siempre cerca y siempre lejos. Antropología le sigue sonando a mala palabra.

Por cada hombre que se ve, debe haber veinte que no se ven y cien que no se dejan ver.

Enormes titulares negros la rodean, pero ni la crisis, ni la deuda la afectan. Él le dedica una pieza desafinadamente silbada.

A la mañana siguiente, dos cuadras y esta vez se escondió bien. Cuatro cuadras y la búsqueda se renueva infructuosamente. Tres cuadras y de detiene a realizar un estudio concienzudo. Muchos pares de ojos, pero ninguna mirada, muchos rostros hermosos, pero ninguno ella.

Encuentra la revista y la tapa le recuerda lo rápido que pasa un mes.

Camina y sonríe, porque conoce de los cientos a los que les gusta el original, pero él, él se había enamorado de la copia, y porque seguramente la copia, también lo sabía.

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